Pulsos de Enero
Vibrando al ritmo del tambor y la flauta en la Fiesta Grande.
Tradición Viva
Enero es el mes donde el tiempo se detiene. La Fiesta Grande de Chiapa de Corzo es una amalgama de fe, historia y júbilo colectivo.
El Parachico
"Para el chico", decía la leyenda de María de Angulo.
Con sus máscaras de madera tallada, monteras de ixtle y el sonar del chinchín, el Parachico es el alma de la fiesta. Un ritual de danza y agradecimiento.
La Chuntá
Las "sirvientas" de la tradición.
Hombres vestidos de mujer que anuncian el inicio de las festividades. Con canastas de dulces y bailes alegres, mantienen viva la herencia soctona.
Combate Naval
Pirotecnia sobre el Grijalva.
Cada 21 de enero, el río se ilumina en memoria de las batallas históricas. Un espectáculo visual que atrae a miles de visitantes.
Las Chiapanecas
Elegancia y Color
Con su traje bordado de flores multicolores sobre tul negro, la Chiapaneca es el símbolo de la belleza del estado. Su baile es un poema en movimiento, ejecutado con jícaras pintadas a mano mientras el vuelo de su falda cautiva a todo el que la mira.
La Fiesta
Grande
Enero se viste de gala con los Parachicos. Una explosión de color, música de flauta y tambor que une a todo el pueblo.
Los Parachicos
Danza declarada Patrimonio de la Humanidad.
La Chuntá
Hombres vestidos de mujer que anuncian la fiesta.
Combate Naval
Espectáculo de pirotecnia en el río Grijalva.
El Patrón
La máxima autoridad de los Parachicos. Heredero de un cargo vitalicio que garantiza el respeto y la pureza de la danza tradicional.
El Patrón es la figura central de toda la celebración de la Fiesta Grande de Enero. Su nombramiento no es un honor que se busca, sino una responsabilidad que se hereda. Generación tras generación, las familias designadas custodian los atavíos sagrados: la máscara tallada en madera, la montera adornada con rosas rojas, el chinchín —sonaja ritual de morro— que marca el ritmo, y la guitarra del Patrón, un elemento simbólico fundamental, utilizado junto con la flauta de carrizo y el látigo para dirigir la danza y marcar los sones tradicionales. Representa la autoridad y la guía espiritual, integrando elementos de fe, tradición y la representación de la fertilidad.
Durante los días de la fiesta, El Patrón encabeza el recorrido al amanecer por las calles del pueblo, marcando el paso con la danza que, según la leyenda, fue enseñada por una noble española para alegrar a su hijo enfermo. Su presencia garantiza que la tradición no se convierta en espectáculo, sino que permanezca como un acto de fe viva.






